Echar la vista atrás y ver lo que ha cambiado el panorama del diseño y desarrollo web desde los 90 hasta ahora puede dar un poco de vértigo. Desde la usenet, los foros, el HTML con Dreamweaver a la creación de webapps con IA, el viaje ha sido brutal. El pasado lunes, tuve el honor de subirme al tren más cañero del desarrollo web del universo podcaster para hablar de estas cosas. Un billete a Chattanooga, el reality-pódcast de diseño, marketing y negocios online con WordPress, de los inigualables Ana Cirujano y Pablo Moratinos.
Es un gustazo charlar con estos dos cracks; más allá de la amistad personal, llevo mucho tiempo siguiendo el pódcast, así que sentarme al otro lado del micro tuvo ese puntazo de excitación que da pasar de ser oyente a invitado.
La conversación fluyó en todo momento, y, salvo mis atascos verbales y mi afición a contar batallitas del oficio, tuvimos la oportunidad de charlar sobre anécdotas y reflexiones; y surgió la oportunidad de hablar de las dos herramientas que he desarrollado en los últimos meses: Lúmina, un verificador de accesibilidad que nace de la necesidad real; y LMN Site Monitor, un plugin de WordPress pensado para vigilar el estado de los sitios web sin complicaciones innecesarias. Fue una conversación honesta sobre por qué existen, qué problemas intentan resolver y qué hay detrás de construir un producto cuando no tienes más red que tu propia experiencia.
Participar en el pódcast de Ana y Pablo es un auténtico privilegio y, sobre todo, un gustazo. No solo por la cercanía y la calidad humana que transmiten, sino porque llevan años haciendo un trabajo muy valioso en la divulgación de buenas prácticas dentro del desarrollo web y en la construcción de negocios digitales en el ecosistema WordPress. Lo hacen, además, con una naturalidad que no es tan habitual y con una sensibilidad que se agradece, alejándose del ruido para centrarse en lo que de verdad aporta, dando visibilidad a muchas personas que realizan un trabajo encomiable. Y eso, cuando te toca vivirlo desde dentro, se percibe aún más.
¡Larga vida a Un Billete a Chattanoogga!












